Es una de las escenas más repetidas en nuestra clínica dental en Jerez: unos padres entran por la puerta preocupados porque han notado que a su hijo o hija le están saliendo los dientes definitivos «amontonados» o torcidos.
Automáticamente, surge la gran pregunta: «¿Tenemos que ponerle aparatos ya o es mejor esperar a que se le caigan todos los dientes de leche?».
Si alguna vez te has hecho esta pregunta, este artículo es para ti. Existe un mito muy extendido de que hay que esperar a la adolescencia para visitar al ortodoncista, y hoy vamos a explicarte por qué esa creencia puede complicar el tratamiento en el futuro.
Vamos a hablar claro, sin tecnicismos complicados, sobre cuándo es el momento ideal para la primera revisión y en qué se diferencia la ortodoncia de los niños de la de los adultos.
La regla de oro: La primera visita a los 6 años
Olvídate de esperar a los 12 o 13 años. La Sociedad Española de Ortodoncia recomienda que la primera revisión con el ortodoncista se realice alrededor de los 6 o 7 años.
¿Por qué tan pronto? A esa edad comienza una etapa mágica para los dentistas llamada «dentición mixta». Es el momento en que conviven los dientes de leche con los primeros molares definitivos.
A los 6 años, los huesos de la cara y la mandíbula de tu hijo todavía están creciendo y son «moldeables». Aquí está la clave: a esta edad no solo miramos si los dientes están rectos, miramos si el hueso está creciendo correctamente para que esos dientes quepan.
Ortodoncia Infantil vs. Adultos: «Guiar» frente a «corregir»
Para entenderlo mejor, imagina que la boca de tu hijo es un árbol joven que está creciendo.
Ortodoncia Infantil (Interceptiva)
Es como poner una guía a ese arbolito joven para asegurarnos de que crezca recto desde el principio. Aprovechamos el crecimiento natural del niño para ensanchar el paladar o guiar la mandíbula. Es más fácil, más rápido y menos doloroso.
Ortodoncia de Adultos (Correctiva)
Es intentar enderezar un roble que ya ha crecido torcido. El hueso ya no se mueve, es rígido. Aquí solo podemos mover los dientes (con brackets o alineadores), pero si falta hueso o el paladar es estrecho, la solución es mucho más compleja y a veces requiere cirugía.
Señales de alerta: ¿Cómo sé si mi hijo necesita ortodoncia?
No hace falta ser dentista para detectar algunas señales en casa. Si observas alguno de estos comportamientos o rasgos en tu hijo, te recomendamos pedir una cita de valoración:
Paladar estrecho o mordida cruzada
Fíjate cuando tu hijo muerda. Los dientes de arriba deben «abrazar» a los de abajo por fuera. Si ves que algún diente de arriba se queda por dentro de los de abajo, es una señal clara de que el paladar podría ser demasiado estrecho.
Respirar por la boca
Si tu hijo duerme con la boca abierta, ronca o respira siempre por la boca en lugar de por la nariz, esto afecta al desarrollo de su mandíbula. El paladar se estrecha y los dientes no tienen sitio.
Chuparse el dedo o uso prolongado del chupete
Si más allá de los 3 años sigue chupándose el dedo, está empujando los dientes de arriba hacia fuera y deformando el hueso.
Dientes apiñados o con mucho espacio
A veces los dientes definitivos son muy grandes para el tamaño de su mandíbula (falta de espacio) o, al revés, hay demasiados huecos.
Pérdida prematura de dientes de leche
Si se le cayó un diente de leche mucho antes de tiempo (por un golpe o caries), los dientes de al lado tienden a moverse y a ocupar ese espacio, dejando sin sitio al diente definitivo que viene debajo.
¿Qué es la Ortodoncia Interceptiva?
Si detectamos alguno de estos problemas a tiempo (entre los 6 y 9 años), utilizamos lo que llamamos Ortodoncia Interceptiva.
No suelen ser los típicos brackets estéticos (aunque a veces se usan). Generalmente, son aparatos (fijos o de quita y pon) diseñados para ensanchar el hueso.
Por ejemplo, un disyuntor es un aparato que se coloca en el paladar y lo va abriendo milímetro a milímetro de forma indolora. Al crear más hueso, estamos creando «garaje» suficiente para que aparquen todos los dientes definitivos que están por salir.
¿Es mejor esperar a la adolescencia?
Si esperamos a que el niño tenga 12 o 13 años y ya haya dado el «estirón», los huesos de la cara se habrán soldado.
Si el problema era de hueso (paladar estrecho o mandíbula retraída) y no lo corregimos a tiempo, en la adolescencia o edad adulta el tratamiento será mucho más largo, más costoso y, en ocasiones, requerirá extracciones de dientes sanos para ganar espacio o cirugía ortognática.
Prevenir siempre es mejor (y más barato) que curar.
Conclusión: Más vale una revisión «por si acaso»
Que llevemos a tu hijo al ortodoncista a los 6 años no significa que le vayamos a poner aparatos obligatoriamente. De hecho, en muchos casos, simplemente le diremos: «Todo va genial, nos vemos en un año para revisar».
Pero esa visita te dará la tranquilidad de saber que el desarrollo de su boca va por buen camino.
Si vives en Jerez y tienes dudas sobre la sonrisa de tu hijo, en nuestra clínica estaremos encantados de echar un vistazo. Recuerda: corregir un problema de crecimiento a tiempo es el mejor regalo que puedes hacerle a su salud futura.