«Tienes una caries muy profunda, ha llegado al nervio y tenemos que matarlo». Escuchar esta frase en el sillón del dentista suele provocar dos reacciones inmediatas: un escalofrío de miedo al pensar en el dolor y la duda de si no sería mejor, directamente, arrancar la muela.

La expresión «matar el nervio» suena a película de terror, es cierto. Sin embargo, en odontología a este procedimiento lo llamamos endodoncia, y lejos de ser tu enemigo, es el tratamiento héroe que va a salvar tu diente y a librarte de uno de los peores dolores que existen: el dolor de muelas.

En nuestra clínica dental recibimos a muchos pacientes asustados por este tema. Por eso, hoy vamos a hablar claro, sin palabras médicas complicadas, para explicarte qué es exactamente una endodoncia, por qué no debe darte miedo y por qué es mil veces mejor que ponerte un implante.

¿Qué significa realmente «matar el nervio»?

Para entenderlo, imagina que tu diente es como una casa con varias capas.

  • Por fuera está el esmalte (la fachada dura y blanca).
  • Debajo está la dentina (los ladrillos).
  • Y en el centro, bien protegido, está la pulpa dental (el corazón de la casa, donde están los nervios y los vasos sanguíneos que le dan vida al diente).

Cuando tienes una caries y no la curas a tiempo con un simple empaste, las bacterias siguen cavando hasta llegar a ese «corazón». Cuando las bacterias entran en la pulpa dental, esta se infecta y se inflama.

Al estar encerrada dentro de un espacio duro (el diente), la inflamación no tiene por dónde salir, la presión aumenta y es entonces cuando aparece ese dolor insoportable y punzante.

¿Qué hacemos con la endodoncia? Muy sencillo: entramos al diente, limpiamos toda esa infección, vaciamos los conductos donde estaba el nervio dañado, los desinfectamos a fondo y los rellenamos con un material especial para sellarlos y que no vuelvan a entrar bacterias.

El diente deja de sentir frío o calor, pero sigue en tu boca, cumpliendo su función al masticar.

4 señales de alerta que gritan «necesitas una endodoncia»

A veces la infección es silenciosa, pero por lo general, tu cuerpo te avisa con estas señales de alarma:

Dolor agudo y constante

Ese dolor intenso que no te deja dormir, que empeora al tumbarte y que a duras penas se calma con analgésicos.

Sensibilidad extrema y prolongada

Te duele muchísimo al tomar algo caliente o frío, y el dolor se queda ahí un buen rato después de haber tragado.

Dolor al masticar

Sientes un «pinchazo» fuerte en una muela específica cada vez que intentas comer por ese lado.

Flemón o bultito en la encía

Si notas la cara hinchada o te sale un granito en la encía (fístula) que a veces supura un mal sabor, significa que la infección ha llegado al hueso y está buscando una salida.

El gran mito: ¿Es un tratamiento doloroso?

Vamos a desmentir esto de una vez por todas: la endodoncia no duele. Lo que duele (y mucho) es la infección previa.

Hoy en día, la odontología ha avanzado muchísimo. Utilizamos anestesia local muy eficaz que adormece por completo la zona. Durante el tratamiento solo sentirás que estamos trabajando ahí, notarás vibración o presión, pero en ningún caso dolor agudo.

De hecho, la gran mayoría de nuestros pacientes nos dicen lo mismo al terminar: «Menudo alivio, venía muerto de miedo y casi me quedo dormido».

Tras la intervención, es normal sentir una ligera molestia al morder durante unos días (como si el diente estuviera como «magullado»), pero se controla perfectamente con la medicación que te recetaremos.

¿Por qué no me la saco y me pongo un implante directamente?

Esta es una pregunta muy habitual. «Si el diente ya está malo, sácamelo y acabamos antes».

Como profesionales de la salud, nuestra filosofía es la odontología conservadora. Ningún material artificial creado por el hombre, por muy avanzado que sea, supera la perfección de tu propio diente natural.

Es mejor para tu cuerpo

Conservas tu propia raíz y la sensibilidad natural al morder.

Es menos invasivo

Extraer una muela y colocar un implante requiere cirugía y tiempos de cicatrización largos. La endodoncia es mucho más rápida y menos traumática.

Es más económico

Salvar tu muela con una endodoncia (e incluso poniéndole una funda después) siempre va a ser más barato que el proceso completo de extraer, colocar un tornillo de titanio (implante) y fabricar una corona nueva.

El implante es una solución maravillosa y necesaria cuando el diente ya está perdido, pero nunca debe ser la primera opción si la pieza se puede salvar.

El último paso: Por qué necesitas una «funda»

Una vez que el diente no tiene nervio, pierde parte de su hidratación y se vuelve un poco más frágil y quebradizo, como la rama seca de un árbol.

Como las muelas soportan muchísima fuerza al masticar, si la caries inicial era muy grande, es fundamental proteger ese diente endodonciado para que no se parta por la mitad meses después.

Para ello, solemos recomendar colocar una corona o funda dental. Es una especie de «casco protector» hecho a medida que abraza el diente, le devuelve su fuerza original y hace que te dure muchos años más.

No sufras en silencio

Si tienes un dolor de muelas que te está amargando el día a día, no lo dejes pasar esperando a que desaparezca por arte de magia. Las infecciones dentales no se curan solas y, si se dejan evolucionar, pueden extenderse y provocar problemas graves de salud.

Pide cita en nuestra clínica. Revisaremos el estado de tu muela, te explicaremos el diagnóstico con total transparencia y le pondremos fin a ese dolor de forma rápida, segura y sin sufrimiento. Salvar tu sonrisa está en tus manos.

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